La mejora continua y el liderazgo, ¿cuestión de género?

La mejora continua y el liderazgo, ¿cuestión de género?

El pasado mes de Diciembre la revista Time, seleccionaba como “Persona del año” a Joe Biden y Kamala Harris. Ambos juraron el pasado 20 de Enero su cargo. Harris por su parte, hacía historia como primera mujer negra y asiático- americana, en asumir la vicepresidencia de los Estados Unidos.

 

El propio Biden dedicaba estas palabras durante la ceremonia de investidura “Hace 108 años, miles de manifestantes intentaron parar a las mujeres valientes que marchaban por el derecho al voto. Hoy celebramos el juramento de la primera mujer vicepresidenta, Kamala Harris. No me digáis que las cosas no pueden cambiar”.

 

En Europa, Angela Merkel, anuncia su retirada durante este año 2021, con el reconocimiento de su país, tras 16 años, y siendo un claro ejemplo de la ruptura del techo de cristal, como principal líder política en la Europa de este siglo. Su gobierno se ha caracterizado por su firmeza y exigencia, a la vez que su lado más humano, más notorio, si cabe, durante la gestión de crisis como la acontecida en 2008, la crisis migratoria o la actual pandemia Covid-19. 

 

En contraposición al techo de cristal, numerosas fuentes refieren el acantilado de cristal, describiendo la idea de que cuando una empresa está en problemas, una líder femenina gestionará mejor la crisis, presuponiéndole valores estereotipados a las mujeres como la empatía y la intuición. 

 

Este concepto nos hace plantearnos, ¿están las mujeres más capacitadas para la gestión de una crisis? ¿quién es mejor líder?

 

Un líder KAIZEN™ debe centrarse en las mejores prácticas orientadas a transformar los equipos de dirección en equipos 100% comprometidos e involucrados con la mejora continua, liderando con el ejemplo. Según esta definición, nada hace pensar que sea una cuestión de género.

 

Desde hace años, Bill y Melinda Gates encabezan cualquier ranking sobre liderazgo a nivel mundial. El propio Gates define a los líderes del siguiente modo: “Al mirar hacia el futuro, dentro del próximo siglo los líderes serán aquellos que favorezcan el empoderamiento de los demás”. Y es que un líder no se limita a la dirección de un colectivo, empresa o grupo social, sino que un líder lo será tanto más, cuanto mayor sea el ejemplo que proyecte sobre su equipo y cuanto mayor sea el impulso que este mismo les genere.

 

Un buen líder requiere capacitación y habilidades de gestión con base en el entendimiento y la empatía, sin embargo, solo un 42% se forma en liderazgo, sobre este dato, el género femenino representa un porcentaje considerablemente inferior con respecto al masculino.  Según datos de ONU Mujeres (UN Women), “las mujeres tienen poca representación no sólo como votantes, sino también en los puestos directivos, ya sea en cargos electos, en la administración pública, el sector privado o el mundo académico”, y esto tiene como base dos barreras, por una parte las barreras estructurales constituidas por leyes e instituciones discriminatorias, y por otra parte, la menor probabilidad de que las mujeres tengan acceso a la educación y formación necesarios, los contactos y los recursos para convertirse en líderes que lleven a sus países, empresas u organismos a un crecimiento sostenible y basado en la mejora. 

 

El desarrollo sostenible no será posible sin igualdad de género. Para ello, durante la Cumbre de las Naciones Unidas celebrada en Nueva York en 2015 se creó la Agenda 2030. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible desafían las desigualdades, con el compromiso de que nadie se quede atrás. 

 

El Pacto Global de las Naciones Unidas (al que Kaizen Institute está adherido) recoge Diez Principios, entre los cuáles se incluyen los derivados de la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo sobre los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo. 

 

En el Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF) o Foro de Davos, tuvo lugar lo que será la antesala del próximo encuentro, caracterizado por la Sostenibilidad y la Inclusión. En este primer encuentro online, se ha reflexionado sobre el impacto de la crisis sanitaria y económica en la igualdad laboral. La pandemia actual ha supuesto un importante freno a la economía, dejando en situación más vulnerable a aquellos perfiles laborales con peores condiciones. Además, el confinamiento ha traído consigo un aspecto con el que las familias todavía tienen que lidiar que es la conciliación. Esto, lejos de suponer una oportunidad, ha supuesto una mayor carga para el género femenino, al que todavía demasiadas ocasiones se le “atribuyen” responsabilidades como la gestión del hogar o la atención de los hijos (y en este contexto, incluso educación y formación). 

 

La discriminación en las relaciones laborales tiene una base social y educacional, y más allá de todas las ayudas gubernamentales en favor de la discriminación positiva o incentivos económicos, la clave radica en el cambio de paradigma, entendiendo que la diversidad dota a las empresas de una mayor riqueza y, ¿qué mejor momento que una crisis en la que se requieren altas dosis de creatividad para la supervivencia? No se trata de financiar la paridad de género, sino de comprender que la diferenciación supone flaco favor a cualquier compañía, y que tanto país, organizaciones, empresas, … apuesten por la igualdad por convencimiento. 

 

Si bien es cierto que iniciamos este artículo nombrando a mujeres que han hecho historia, la realidad es que la paridad en cuestiones de género no se habrá alcanzado mientras nombramientos como estos sigan siendo noticia.

 

El camino hacia la paridad será más ágil cuanto más se base en la mejora continua, implicando a todas las personas, todos los días y en todas las áreas. Una comunicación efectiva, garantizar que todas las personas están implicadas teniendo claro su impacto en la empresa y en la sociedad, a la par de un sistema de formación y capacitación de los trabajadores, así como la búsqueda constante la conversión de desvíos en oportunidades permitirá un desarrollo y crecimiento sostenible en el que se reconocerá a los líderes por sus competencias y no por “una cuestión de género”.

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